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El estrés puede afectar a cualquier persona que se sienta abrumada, incluso a los niños. En los niños en edad preescolar, el hecho de separarse de sus padres puede ocasionarles ansiedad. A medida que los niños crecen, las presiones académicas y sociales (en especial, la tarea de “encajar”) crean estrés en muchos niños.

Muchos niños están muy ocupados durante el ñeríodo escolar  y no tienen tiempo para jugar de manera creativa o relajarse después de la escuela. Los niños que se quejan de la cantidad de actividades en las que participan o se niegan a asistir a ellas pueden estar dando a entender que requieren relajarse, jugar y crear.

Recuerda que cierto nivel de estrés en la vida diaria es normal;  reconoce junto a tu niño que a veces está bien sentir enojo, temor, soledad o ansiedad y que otras personas comparten esos sentimientos y que hay manera de sacarlos sin dañarse o dañar a otros.

A medida que los niños crecen, el tiempo de calidad con ellos es importante. Para algunas personas, realmente es difícil regresar del trabajo y jugar con sus hijos en especial cuando ellos mismos han tenido un día estresante. Pero expresar interés por el día de tus hijos les demuestra que, para ti, ellos son importantes.

El estrés de los niños no sólo puede aumentar por lo que sucede en su propia vida. ¿Tus hijos escuchan cuando hablas sobre tus problemas en el trabajo, te preocupas por la enfermedad de un pariente o discutes con tu pareja sobre problemas económicos? Los padres deben tener en cuenta la manera en que hablan sobre estos problemas cuando sus hijos están cerca, porque los niños reconocerán la ansiedad de los padres y comenzarán a preocuparse quizás de una manera más intensa.