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La ansiedad es una respuesta que todos los seres humanos poseemos y aparece cuando nuestro cerebro percibe una amenaza que pone en riesgo nuestra vida. Por tanto, la ansiedad nos prepara para lo que pueda acontecer, buscando soluciones que nos pongan a salvo. Esta experiencia tiene un importante valor adaptativo para la supervivencia.

El conflicto surge cuando nuestro cerebro dispara las alarmas y sentimos palpitaciones, sudor, ahogo e incluso pánico. Estos síntomas paralizan y crean un mundo amenazante en situaciones cotidianas, que interpretamos como un peligro real.

 

Terror irracional a una evaluación negativa

La fobia social suele comenzar en la adolescencia, y supone un temor irracional a la evaluación negativa por parte de los demás. Este temor les induce a evitar aquellas situaciones sociales que temen no controlar. La conducta de evitación puede ocasionar una reducción de la libertad personal, un aislamiento social y una soledad impuesta casi total.

En la infancia, los estados de ansiedad son cada vez más frecuentes y muchos niños y preadolescentes parecen enfrentarse a problemas serios y aparentemente infranqueables.

 

Detección:

El problema no suele resultar fácil de detectar ya que, tanto en niños como en adolescentes, se oculta bajo otros comportamientos o problemas médicos. Algunos muestran su vulnerabilidad con un temor desproporcionado, con dolor físico o con la evitación de situaciones, mientras que otros reaccionan con mayor inquietud, hostilidad u oposición.

En el caso particular de los adolescentes, sus dificultades se atribuyen con frecuencia a una falta de madurez, o se tiende a banalizar sus malestares como una timidez. Esta interpretación resta importancia a la gravedad de los síntomas que pueden estar experimentando y dejar pasar un tiempo muy valioso en el cual se puede tratar de forma eficaz un problema que, de no tratarse, tendrá mayores consecuencias negativas en la vida adulta.

 

Sugerencias e Intervención:

Se sugiere una Intervención multidimensional para la ansiedad social. Se combinan técnicas tradicionales de la terapia cognitivo-conductual, como la reestructuración cognitiva, la exposición o el entrenamiento en habilidades sociales, con procesos de las denominadas terapias de tercera generación, como la terapia de aceptación y compromiso, la atención plena (mindfulness) o la terapia dialéctica conductual.