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No todos los niños presentan la misma facilidad para entender lo que sienten otros, o bien no disponen aún de los recursos necesarios para manejarse adecuadamente cuando los sentimientos son demasiado complicados, como el coraje, la furia, los celos, la rabia, la tristeza o el dolor. Fomentar el desarrollo de habilidades de manejo de emociones desde los primeros años es nuestra sugerencia para promover una saludable autoestima.

Primeramente los niños necesitan reconocerse como seres que sienten diversas emociones y que estas existen en todos y no son buenas ni malas, sólo existen y deberemos darles salida conveniente.

Después ser reconocidos por sus padres y adultos cercanos como niños buenos y amorosos que a veces sienten emociones confusas y desagradables como también nosotros los adultos; y que hay diversas maneras de expresar cómo se sienten frente a un problema determinado. Dejar espacio para que se expresen nos ayudará a entender que no existen sentimientos negativos como tal, sino maneras erróneas de expresarlos. La manera de afrontar estos sentimientos cuando se presentan puede ser haciéndoles entender las consecuencias que tienen sus actos, y reconocer que no siempre podremos evitar su dolor, especialmente a medida que vayan haciéndose mayores.

El proceso de aprendizaje de expresión de las emociones es lento y lleva tiempo, aunque es fundamental para superar las perspectivas egocéntricas propias de la etapa infantil, aumentar su autonomía y nivel de responsabilidad hacia sí mismos y hacia los demás.

 

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