El día 7 de enero de hace 100 años se abrió la primera escuela Montessori en el mundo. La apertura tuvo lugar en uno de los barrios más pobres de Roma. María Montessori, una de las primeras mujeres graduadas en medicina en Italia, había estado trabajando con niños con discapacidades. Para ello, retomó el trabajo de dos médicos franceses, Seguin e Itard, cuyos planteamientos y materiales para el trabajo con este tipo de niños le parecieron particularmente apropiados. Para sorpresa de la Dra. Montessori, cuando utilizó dichas estrategias en el trabajo con niños sin discapacidades, encontró que respondían muy positivamente. Su sorpresa y su éxito fueron tales que con los años abandonó el campo de la medicina para dedicarse en cuerpo y alma al trabajo en educación. A lo largo de casi 50 años se dedicó a estudiar cuidadosamente el desarrollo humano, particularmente el de los niños desde su nacimiento. Sus hallazgos la llevaron a plantear y refinar un sistema educativo que en pleno siglo XXI cumple mejor que ningún otro en desarrollar personas seguras de si mismas, independientes, analíticas, perseverantes y solidarias.

El trabajo de María Montessori la llevó a descubrir que la educación tradicional dista mucho de ofrecer un ambiente preparado para el mejor desarrollo de niñas y niños. Descubrió que todos y cada uno de los niños encierran un tesoro dentro de sí, y que para conservarlo, es necesaria una organización radicalmente diferente a la que en ese entonces y aún hoy prevalece en el sistema educativo. Entre sus ideas centrales se encuentra que los seres humanos tenemos una tendencia innata hacia el desarrollo pleno siempre y cuando las condiciones lo permitan. Algunas de las condiciones más importantes son: la guía del adulto que proteja y permita el libre desenvolvimiento de la personalidad, la correcta selección y disposición de materiales al alcance de los niños, la libertad para que los niños elijan cuales usar, la observación cuidadosa de la actividad infantil por parte del adulto para reconocer los intereses y necesidades de cada alumno en cada etapa de su desarrollo.

Los resultados de crear una comunidad educativa comprometida con la filosofía Montessori han sido extraordinarios en diferentes países en diferentes momentos. Niñas y niños se desenvuelven y crecen para ser individuos con alta auto-estima, con disciplina y orden internos, autónomos para cuidar de si mismos, perseverantes para descubrir y aprender cada día más. En definitiva, Montessori no es sólo un método educativo, es una forma de entender la vida, de cuidarla y fomentar que se desenvuelva por el curso que la naturaleza tiene previsto para cada uno de nosotros.

Por lo anterior, las Escuelas Montessori de Puebla estamos muy orgullosas de abanderar los esfuerzos por defender al niño, cuidar su tesoro y ayudarlo a que valore y cultive todo el potencial de vida que tiene.

 

Gracias al Lic Javier Breña Sánchez

Secretario de la Asociación de Escuelas Montessori de Puebla.