Hace años, era inimaginable que los papás y los hijos fueran amigos. La línea de la autoridad, en todos los niveles, era intraspasable. Y sin embargo, ahora parece que ser amigo de tus hijos se ha vuelto un ideal para ser padres.
Pensemos un momento, ¿qué será eso de ser “amigo” de los hijos?
- Que nos tengan confianza.
- Que puedan platicarnos de todo.
- Que sepamos qué pasa con sus vidas, quiénes son sus amigos y lo que hacen.
- Que estemos en sintonía con ellos, “en su onda”.
Suena bien, ¿no? Dejar atrás los tiempos en que los papás decían, y sin más, se debía obedecer. Tiempos en que la negociación era impensable y que lo más importante para seguir las reglas era el miedo: al castigo, a la mirada dura o a la reprimenda moral.
Pero como toda elección, escoger algo implica también renunciar a otras cosas. Cuando dejamos de ser padres con autoridad para convertirnos en amigos, ¿qué perdemos?
- La facultad para marcar límites, porque los amigos acompañan, mas no guían.
- La posibilidad de hacer evidente lo permitido y lo prohibido en casa, no sólo “porque lo mando yo”, sino por razones justas y claras.
- El rol de modelo de madurez, de responsabilidad y coherencia, con el cual los hijos pueden irse identificando a través de su desarrollo.
- La oportunidad de que aprendan a responder ante la autoridad, que fuera de la familia es mucho más dura, con consecuencias más severas.
En definitiva, estamos dejando a nuestro hijos huérfanos, dándoles en lugar de padres, a un par de amigos de fiesta o en el mejor de los casos, a dos hermanos mayores.
Ser verdaderos padres, es difícil, no cabe duda. Requiere mucho tiempo encontrar el balance entre el cariño y la firmeza, entre la libertad y los límites. Pero ese es nuestro trabajo. Nosotros no estamos para acompañar a nuestros hijos a las fiestas o ser parte del plan para conquistar a la niña que les gusta. Esa etapa ya la vivimos, en nuestra propia juventud.
Ahora, lo que nos toca es proveer a nuestros hijos de un espacio tranquilo, de amor, lleno de calidez y apoyo; un ambiente en el que los límites sean claros y resistentes a cualquier crisis o chantaje sentimental. Nuestra responsabilidad es hacerles saber, con nuestras palabras, actitudes y acciones diarias, que pueden contar con nosotros, no para consecuentar sus travesuras, sino para aconsejarlos, confortarlos y guiarlos cuando sienten perder el rumbo.
¿No es maravilloso ser padres? Podemos ser amigos de muchos en nuestras vidas, pero ser papás es un regalo especial. Así que no tengamos miedo de marcar reglas, de explicar las consecuencias de sus acciones y llevarlas a cabo. Ese es nuestro papel y el verdadero regalo de amor que damos a nuestros hijos.
Alicia Contró de Senicero,
Lic. Ciencias de la Familia
alicia.contro@gmail.com
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