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Ahora vivimos en una sociedad innovadora en la que el motor son las ideas y la creatividad,  no aprendemos repitiendo, de memoria, sí haciendo, experimentando y reflexionando.

Necesitamos una educación  que mediante el aprendizaje significativo, social y emocional fomente y potencie el desarrollo de cada niño y que estimule la creatividad, la pasión, el talento y la cooperación… ya que nuestro futuro está lleno de nuevos retos que requerirán de nuevas soluciones; Y sobre todo necesitamos niños felices, niños que acudan cada día a sus clases  virtuales con ilusión, motivación y alegría.

El niño es protagonista de su propio aprendizaje, en la experiencia, en la alegría de descubrir cosas, en la satisfacción de tener una pregunta o una duda y poder buscar una respuesta y no necesariamente en la propia respuesta.

Enseñar con pasión, creatividad e imaginación tendría que ser algo maravilloso, donde la educación emocional forme parte de nuestro día a día en la clase, en el que los niños amen aprender, amen descubrir y para conseguir esto, sería necesario crear un ambiente donde prevalezca la armonía, la creatividad, la pasión, la confianza…y que les permita estar presentes con ilusión y alegría en sus clases.
Ese ambiente requiere confianza en ellos, respeto a su proceso de aprendizaje, donde se cuide su salud emocional, se acepten los errores en los procesos de aprender, se establezcan rutinas claras y predecibles de lunes a viernes, donde tengan espacio los fines de semana para jugar libremente, salir al aire libre y principalmente se confíe en ellos y su capacidad de construirse a sí mismos.