La educación alimentaria desde la infancia

La infancia es el momento en el que se conforman los hábitos de vida, entre ellos los alimentarios, y se estructura la personalidad, por lo que en esta etapa se pueden establecer patrones de conducta saludables, algo que resultará más difícil en una edad más avanzada.

Los hábitos alimentarios influyen en las preferencias y aversiones hacia los alimentos, por lo que el entorno familiar y escolar tiene una importancia crucial a la hora de determinar la actitud de los niños y niñas hacia la elección y el consumo de determinados alimentos.

 

Todas las experiencias que se tienen durante la infancia con la alimentación pueden tener importantes efectos en los alimentos que gustan o no, y en los hábitos alimenticios posteriores.

 

En el acto de comer entran en juego todos los sentidos, unos de forma evidente, como la vista, el olfato, el gusto y el tacto, y otros no tanto, como el oído, que puede intervenir en la elección de uno u otro alimento a través de la recepción de mensajes publicitarios sobre los alimentos. Por tanto, el consumo habitual de una amplia variedad de alimentos permitirá al niño escoger entre diferentes sabores, texturas y colores que puedan satisfacer su apetito. Si, por el contrario, los hábitos alimentarios del entorno familiar o escolar no responden a las recomendaciones de consumo de alimentos variados es probable que el niño o la niña tenga manías con las comidas y manifieste gustos y aversiones muy marcadas hacia ciertos alimentos.

 

El rechazo a determinados alimentos es un problema común en la infancia. A determinadas edades, los niños están más interesados por el mundo que los rodea que por los alimentos. Por ello, y ante todo, la comida debe ser un momento agradable para disfrutar de la compañía y del menú, cuidando al máximo el olor, la presentación, el sabor y la variedad de alimentos (verduras y hortalizas, frutas, legumbres, pescados), que les permita a los más pequeños disfrutar de una alimentación rica, equilibrada y saludable. No se debe ir con prisas a la hora de la comer, bien se trate desayunos, almuerzos, meriendas o cenas, sino que debe ser relajado, sin televisión, sin ruidos. De esta manera, se logrará un entorno sano que motive actitudes positivas en los niños y niñas.