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La ansiedad y el miedo son respuestas normales y adaptativa ante amenazas reales o imaginarias que preparan al organismo para reaccionar ante situaciones de peligro.

Cuando se experimentan a estímulos específicos y reales, se habla de miedos o temores. Muchos niños tienen miedo a diferentes estímulos: el miedo a la separación, a los estímulos desconocidos (como los extraños), o el miedo a estímulos que pudieran ser peligrosos para la especie como: alturas, serpientes, arañas etc., y son frecuentes a determinadas edades. Son miedos modulados por la experiencia, siendo transitorios y normales, suelen desaparecer a medida que los niños crecen. Sin embargo, cuando persisten en el tiempo y causan malestar en el niño/a o impiden su desarrollo normal reciben el nombre de trastornos de ansiedad y pueden ser objeto de atención psicológica.

Se considera habitual y normal que un niño de cinco años experimente cierto temor a separase de sus padres, miedo a la obscuridad, a extraños y surgen miedos a las catástrofes y a seres imaginarios (brujas, fantasmas, monstruos, etc).

En la aparición de estos miedos tiene mucho que ver el contacto del niño con los padres, la escuela, con otros niños, con lo que ve en la tele, con las personas que los cuidan, con sus profesores entre otros. Estos miedos pueden afectar hasta el 40 o 45% de los niños.

La aparición de estos miedos, su duración e intensidad, así como en la medida en que interfieren con las actividades que el niño realice en los diferentes ámbitos de su vida (familia, escuela, amigos) requerirá o no de una valoración psicológica.

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