Experimentos

 

Como todos sabemos el  insomnio es un trastorno del sueño,  se caracteriza por la dificultad para iniciar o mantener el sueño, despertar demasiado temprano, despertar a media noche o también cansancio matutino por un  descanso no restaurador.

Existen varias causas: el mal manejo del estrés ,  pensamientos negativos, preocupaciones, hábitos nocturnos inadecuados, depresión, alimentación  inadecuada, bebidas alcohólicas o estimulantes, exceso de cafeína, anemia, poco descanso y enfermedades como tiroides y respiratorias entre otros.

¿Cuál es la frecuencia o prevalencia del insomnio?
Varias investigaciones han señalado que el insomnio es una condición bastante común, los síntomas se pueden presentar en cerca de 33-50% de la población adulta.
Las investigaciones realizadas refieren una prevalencia de 36% de la población adulta en la Ciudad de Monterrey.

¿Cuáles son las consecuencias del insomnio?
El insomnio es una condición compleja que requiere atención. Los pacientes con insomnio usualmente manifiestan deterioro en la función cognitiva y del estado de ánimo durante el día. Ésta situación no solo tiene impacto en las personas que lo padecen sino también en sus familiares, amigos y colaboradores.

La presencia de insomnio aumenta la probabilidad de visitas al médico y a los hospitales, también es un factor de riesgo para depresión, ansiedad, adicción, suicidio y alteraciones en el sistema inmune, lo cual incrementa la susceptibilidad a la infecciones.

¿En qué consiste el tratamiento del insomnio?
Es importante la valoración médica para integrar una evaluación completa enfocada al diagnóstico de otras condiciones médicas o problemas psicológicos, así como la identificación de conductas que pueden empeorar el insomnio.

Higiene del sueño: se refiere a una serie de recomendaciones que tienen como objetivo aumentar la conciencia, el conocimiento y el control de factores perjudiciales para el sueño relacionados con el estilo de vida y el entorno.

Medidas de higiene del sueño:
1. No utilices la cama ni el dormitorio para otra actividad que no sea dormir o tener actividad sexual.
2. Evita preocupaciones, discutir con la pareja, o comer en la cama.
3. No utilices la computadora antes de ir a la cama, porque la luminosidad de la pantalla puede actuar como un activador neurológico
4. Establece una serie de rutinas regulares previas al sueño  que indiquen que se acerca el momento de descansar, por ejemplo: un baño calientito, lava dientes, cierra la puerta, programa el despertador y realiza todas aquellas labores que sean lógicas para ese momento de la noche. Realízalas todas las noches en el mismo orden. Adopta la postura para dormir que prefieras y sitúa tus  almohadas y cobijas preferidas.
5. Intenta relajarte al menos una hora antes de ir a la cama. Evita utilizar la cama para “dar vueltas” a tus preocupaciones.
6. Cuando estés en la cama, apaga las luces con la intención de dormirte inmediatamente. Si no te puede dormir en un rato (alrededor de entre 10 y 15 minutos), levántate y ve a otra habitación. Conviene que te dediques a alguna actividad tranquila hasta que empieces a sentir sueño y, en ese momento, vuelve al dormitorio para dormir.
7. Si no te duermes en un periodo de tiempo breve, repite la secuencia anterior. Has esto tantas veces como sea necesario durante la noche. Utiliza este mismo procedimiento en caso de despertarte a mitad de la noche.
8. Mantén un horario regular al levantarte por la mañana. Pon el despertador y levántate aproximadamente a la misma hora cada mañana, los días laborales y los festivos, independientemente de la hora en que te hayas acostado; esto regulariza el reloj biológico interno y sincroniza el ritmo de sueño-vigilia.
9. No duermas ninguna siesta larga durante el día. Aunque se recomiendan 20 minutos de descanso a media jornada  para recargar las energías perdidas.