El desarrollo intelectual, emocional y social de los niños depende de la interacción de la labor de la familia y la escuela.

La suma del esfuerzo de los dos partícipes en  la educación, la familia y la escuela, es, según los expertos, el camino a seguir respecto a la educación actualmente.

La sintonía entre los dos ámbitos vitales del niño, además de generar confianza entre padres y maestros, estimulará la idea al niño de que se encuentra en dos espacios diferentes pero complementarios.

 

FORMACIÓN Y EDUCACIÓN

Estudios sobre la participación de padres de familia en la vida escolar señalan que una implicación activa se materializa en:

*  una mayor autoestima de los niños

* un mejor rendimiento escolar

* mejores relaciones padres-hijos

* actitudes más positivas de los padres hacia la escuela.

* Los efectos repercuten incluso en los maestros, porque los padres consideran que los más competentes son quienes trabajan con la familia.

 

 La comunicación entre ambos ayuda a tener la información de cuáles son los objetivos que se pretenden conseguir, de los métodos que se utilizan y del modo en que se desarrollan los procesos formativos y educativos.

En la medida en que las escuelas y las familias comparten el trabajo en la instauración de los valores,  se suman esfuerzos para alcanzar el fin común, que es  la formación de niños y niñas responsables, maduros y capaces de aprender los conocimientos y valores que les ofrece el hogar y la escuela.

 

Los expertos están de acuerdo en que el sistema educativo tiene una mayor responsabilidad en la transmisión de conocimientos académicos, también coinciden en que la educación en valores es función principal de la familia. Aunque la escuela puede y debe participar de forma complementaria en esa tarea, nunca podrá ejercerla por sí sola.

 

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