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¿Qué es el TDAH?

No es de extrañar que pronto se cambie el término de déficit de atención e hiperactividad, por el síndrome de déficit de funciones ejecutivas y emocionales. Se da demasiado peso simplemente a la atención y a la voluntad, cuando en realidad es un síndrome muy complejo. Pero, podemos referirnos a un cuadro sintomatológico de base neurológica de procedencia hereditaria y/o adquirida, que puede degenerar en problemas importantes. Sin embargo, poco tiene que ver con el niño travieso o malcriado, con el que a veces se le confunde.

Los niños con TDAH tienen un problema de maduración en la corteza prefrontal relacionada con su edad. Por ejemplo, si mi hijo en este caso específico tiene 12 años, su maduración será de un niño de 9 aproximadamente. Su capacidad para inhibir y no ser impulsivo, capacidad de autorregular sus emociones, el mantener las metas y objetivos, la perseverancia y voluntad, la percepción del tiempo, la automotorización, la capacidad de autoevaluación y la concentración se ven afectadas.

El problema radica en que se les exige al niño o joven funciones fuera de sus capacidades. Lo importante reside en mantener un equilibrio entre lo que exigimos y lo que se puede exigir.

¿Cuándo realizar un diagnóstico?

La Dra. Feggy Ostrosky señala que el diagnóstico de TDAH solo debe hacerse si el síndrome está interfiriendo visiblemente con el desarrollo social, académico, ocupacional o funcional de la persona.

Como casi todos los niños experimentan alguna vez los síntomas de TDAH, el especialista tiene que distinguir si estos son mayores y significativos mas que

en otras personas de la misma edad. En el diagnóstico es necesario distinguir entre las alteraciones crónicas y permanentes; o si se trata de alguna situación particular como angustia, depresión, ansiedad, o en determinada circunstancia que lo altera o bien en jóvenes y adultos uso de drogas.

 

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