A partir de los 12 meses, deben incluirse en la dieta del niño alimentos con una textura más gruesa para ir acostumbrándole a comidas en pequeños trozos.
Para empezar, se ofrecerán alimentos aplastados con el tenedor para ir cambiando al troceado pequeño.
Todo ello, dependiendo de cada niño y de su rapidez en aprender a masticar. El objetivo es que al llegar a los 18-24 meses, el niño ingiera alimentos troceados.