Con el paso de los años, solo seriamos más viejos sino fuera por dos cosas:
los libros que leemos y la gente con la que nos relacionamos.
Esto es lo que le da forma y esencia a nuestra vida.
Las personas que elegimos para compartir nuestro tiempo,
casarnos o asociarnos, son una muestra de lo que pensamos
de nosotros mismos, de nuestros valores y del lugar que ocupamos
en el mundo.
Hay varios tipos de relaciones: algunas nos nutren, nos confortan
o suplen nuestras carencias. Otras nos divierten, nos inspiran,
nos retan y nos hacen crecer.
Otras quizá, nos hacen daño al sabotear nuestro crecimiento
o minar nuestro autoestima. Por supuesto, estas últimas,
tendríamos que cortarlas por lo sano.
Sin embargo, en cualquier relación puede rondar una que otra
amenaza que impide que los lazos se profundicen y fortalezcan.
Hay una amenaza que ronda cualquier relación: el egoísmo
que nos impide compartir libremente lo mejor que tenemos
y exige que el otro sea, piense y actué como nosotros queremos.
Lo irónico es que una vez que logramos tener relaciones valiosas,
con frecuencia las descuidamos.
Como dice Milan Kundera: 'La velocidad crea el Olvido'.
El tiempo pasa tan rápido que la ilusión nos hace pensar
que estamos cerca de alguien con quien hace mucho
no nos hemos comunicado, ni siquiera por escrito.
Te puedo garantizar algo, esa relación no se ha fortalecido.
La ausencia no fortalece una relación, la debilita.
O peor aun, tenemos relaciones en las cuales estamos presentes,
pero en realidad, estamos tan ausentes y distantes.
Olvidamos con facilidad que la calidad de nuestra existencia
se cimienta en nuestras relaciones.
o, ¿Acaso podemos ser felices solos?
Recordemos tres puntos que mantienen y fortalecen una relación:
1.- El compromiso mutuo.
Sin importar la vía, hay que mantenerse en contacto.
Puede ser frente a frente, por teléfono, por carta o por correo
electrónico.
Cualquier cosa que mantenga, como un partido de tenis,
la pelota de aquí para allá y de allá para acá.
Si solo uno procura la amistad, seguramente la relación durara poco.
¿Te ha pasado que tu, inocentemente, invitas repetidamente a alguien
o lo buscas por teléfono y la otra persona no responde?
o, tal vez somos nosotros los que en lo acelerado de la vida,
con soberbia, nos sentimos autosuficientes y ni siquiera
nos damos cuenta de ello.
¿Que tanto nos hemos preocupado por lanzar o contestar la pelota?
Tómalo en cuenta.
2.- La comunicación abierta y sincera.
A veces nos da miedo abrirnos.
Pensamos que, entre menos información demos y menos emociones
mostremos, mas a salvo nos encontramos. Es al revés.
Al abrirnos, transformamos un mero intercambio de información,
en una enriquecedora relación.
3.- Entender y acordar lo que esperamos del otro.
Es importante hablar y decir lo que esperamos uno del otro,
para aumentar las probabilidades de que nuestras expectativas
se cumplan. Nunca es tarde.
Cada día nos ofrece la perfecta oportunidad de retomar
aquellas relaciones que, por alguna razón, hemos descuidado.
Si en cinco años, no queremos ser mas viejos,
leamos buenos libros y cuidemos nuestras relaciones.
Lo más valioso no es lo que tenemos en vida,
sino A QUIENES tenemos en nuestra vida.
Gracias a Norma Nasta.