Mantén en ti ese deseo de bendecir
como una incesante resonancia interior
y como una perpetua plegaria silenciosa,
porque de este modo serás de esas personas que son artesanos de la paz,
y un día descubrirás por todas partes el rostro mismo de Dios.
Y por encima de todo,
no te olvides de bendecir a esa persona maravillosa, absolutamente bella en su verdadera naturaleza y tan digna de amor, que eres tu misma.
Fragmento de " el arte e bendecir "
de
Pierre Pradervand


