A´pa pachangón! , escuché desde el balcón decir al recolector de basura al tiempo que sacaba del bote una bolsa llena de botellas vacías de vino. Y no cualquier vino, entre los envases había cosechas selectas de tintos de Chile, Francia y España así como blancos de Alemania e Italia, incluso unas de champagne de la viuda y Moet para un total de 19 botellas.
Si supiera aquel asombrado recolector que los líquidos de esas botellas fueron a dar uno tras otro directamente al caño del fregadero en mi cocina. Y vaya que no se trato de un impulso de irracionalidad de su servidor ni mucho menos un acto de renuncia al vicio o lo que en momento dado este representare, simplemente sucedió que al igual que tantas cosas, los aromas y sabores de esos contenidos no son perennes, es decir que envejecen y pasan a mejor vida en un lento pero irreversible proceso de descomposición. Cualquier semejanza con la vida de cualquiera es mera coincidencia.
Evidentemente esto no paso por la mente de mi señor padre cuando los fue guardando para alguna ocasión especial en aquel mueble que hacia las veces de cava o tal vez nunca pensó que el mismo se les adelantaría en este periodo transitorio que llamamos vida.
Lo cierto es que junto con esas cantidades de vino se fueron también por la misma cañería una gran cantidad de placeres al paladar y todavía mas grave una gran cantidad de posibles vivencias al degustarlos en compañía de quien los apreciara.
Lo anterior desde luego que no solo aplica al vino sino a tantos gustos que guardamos para luego , para una ocasion especial...
Alguien dijo alguna vez :
No dosifiques los placeres , si puedes derróchalos.
Happy weekend
Salud , digo Salu2
Gracias al Sr Luis González por su artículo.


