La antropóloga norteamericana Ethel Alpenfels relataba una anécdota sobre un leñador que paseaba por la Quinta Avenida en Nueva York en compañía de un amigo.
De pronto, el leñador se detuvo y exclamó:
-¡Vaya! ¡Oigo el canto de un grillo!
Su acompañante neoyorquino, le replicó:
-¿En medio de este estruendo? ¡Imposible!
El leñador insistió: Te aseguro que oigo el canto de un grillo. Te lo voy a demostrar.
Sacó del bolsillo una moneda y la arrojó al pavimento.
Varios peatones dieron media vuelta y miraron al suelo para ver si, efectivamente, había caído al piso una moneda.
-¿Te das cuenta? -dijo el leñador-. La gente oye aquello con lo que están sintonizados sus oídos.
Da la casualidad de que los míos están sintonizados con los grillos.
Anécdota enviada por Marta Salazar Padilla para aprendoyeduco.com


