Cuatro ranas se encontraban sentadas sobre un tronco que flotaba en la orilla de un río. De pronto el tronco fue llevado por la corriente que lentamente lo empezó a arrastrar. Las ranas, sorprendidas por lo que estaba sucediendo, observaban interesadas el movimiento del tronco.
Al cabo de un rato la primera, tomando la palabra dijo: "Este tronco se mueve como si estuviese vivo, como si tuviese algo dentro que lo empujara a moverse".
La segunda, mirando con contrariedad a la primera y dirigiéndose a las otras, dijo: "No, queridas amigas y compañeras de viaje, este tronco no se mueve, es el río que lo transporta y lo hace mover".
La tercera rana añadió: "No se mueven ni el tronco ni el río, queridas, son nuestras mentes las que se mueven y nos hacen ver el movimiento".
Las tres ranas en este punto comenzaron a discutir sobre qué era lo que realmente se estaba moviendo, sin embargo, no lograban ponerse de acuerdo. Se dirigieron por ello a la cuarta rana, que hasta aquel momento había escuchado en silencio y le pidieron su opinión.
La cuarta rana dijo: "Se mueven el tronco, el río y su pensamiento. Ninguna se ha equivocado, todas tienen razón". Entonces las tres ranas se encolerizaron, porque ninguna quería admitir que la suya no fuera la verdad completa y que las otras no se hubieran equivocado. Sucedió que las tres ranas, todas a la vez, tiraron al agua a la cuarta.
(A. Fiorenza, 2003)


